La Relación de la Palabra con el Espíritu Santo

La Relación de la Palabra con el Espíritu Santo

Los Reformadores sostuvieron que la Palabra sola no es suficiente para operar la fe y la conversión; que el Espíritu Santo puede aunque no lo haga siempre, obrar sin la Palabra; y que por lo tanto en la obra de redención la Palabra y el Espíritu Santo operan juntamente.

Aunque al principio hubo una pequeña diferencia sobre este punto entre los luteranos y los Reformados, los primeros acentuaron desde el principio el hecho de que el Espíritu Santo opera por medio de la Palabra como su instrumento, en tanto que los últimos prefirieron decir que el Espíritu Santo opera acompañando a la Palabra.

Posteriormente los teólogos luteranos desarrollaron la verdadera doctrina luterana, a saber, que la Palabra de Dios contiene como un deposito divino el poder del Espíritu Santo para convertir, el cual ahora está relacionado inseparablemente con ella en tal forma que se encuentra presente aun cuando la Palabra no se use, o no se use legítimamente. Pero para explicar los resultados diferentes de la predicación de la Palabra en el caso de diferentes personas, tuvieron que recurrir, aunque en una forma muy suave, a la doctrina del libre albedrío del hombre.

Los Reformadores reconocieron, en verdad, la Palabra de Dios como siempre poderosa, como un sabor de vida para vida o como un sabor de muerte para muerte, pero sostuvieron que se hace eficaz para conducir hacia la fe y la conversión sólo cuando está acompañada de la operación del Espíritu Santo en el corazón de los pecadores. Rehusaron considerar esta eficacia como un poder impersonal que reside en la Palabra.

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