El infierno

El infierno

La palabra que utiliza al Nuevo Testamento para designar el lugar del castigo final es Gebenna, que procede del hebreo ge hinnom. Ge hinnom era un valle situado al sur de Jerusalén donde se ofrecían sacrificios a Moloc en los días de Acaz y Manasés II (2 Reyes 16:2-3; 21:6). Las amenazas de juicio pronunciadas en Jeremías 7:32; 19:6 sobre este valle siniestro representan la razón por la que en la literatura apocalíptica se llega a equiparar con el infierno del juicio final.

En los Evangelios Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), Gehenna es un lugar de tormento eterno de fuego inextinguible (Marcos 9:43, 48). Aunque sólo los cuerpos de las personas están en el sepulcro, todos pueden ser arrojados en el infierno (Mt. 10:28). Éste se describe como un abismo caliente (Marcos 9:43), como un horno de fuego (Mateo13:42, 50), como un fuego eterno preparado para el demonio y sus ángeles (Mateo 25:41). En los Evangelios no se describen los castigos que se sufren en él, algo muy frecuente en los escritos apocalípticos.

Por otra parte, el castigo final se describe como una experiencia de las tinieblas (Mateo 8:12; 22:13; 25:30). Esto sugiere que tanto el fuego como las tinieblas son metáforas que representan lo indescriptible. «Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad» (Mt. 7:23); «de cierto os digo que no os conozco» (Mateo 25:12). La esencia del infierno es la exclusión de la presencia de Dios y del disfrute de sus bendiciones.

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