Cantemos a Dios porque nadie nos hace tanto bien como Él

Cantemos a Dios porque nadie nos hace tanto bien como Él

Vengan, cantemos al Señor con alegría; cantemos a nuestro protector y Salvador. Entremos a su presencia con gratitud, y cantemos himnos en su honor. Porque el Señor es Dios grande, el gran Rey de todos los dioses. Salmos 95:1-3 DHH.

Cantarle himnos de alabanzas a Dios es decir en voz alta y ante testigos “cuán agradecidos estamos por las bondades de Dios, por su gracia con la que nos ha enriquecido y con la que nos ha otorgado el don más grande de la salvación”.

Adorar a Dios en la congregación nos permite conocerlo más, porque podemos oír lo que también está haciendo en la vida de nuestros hermanos, y así juntos podemos cantar salmos a su nombre, así lo manifiesta la Palabra de Dios; «Pero que los justos se alegren y se regocijen; que estén felices y alegres delante de Dios. Canten a Dios, canten salmos a su nombre; aclamen a quien cabalga por las estepas, y regocíjense en su presencia. ¡Su nombre es el Señor!» Salmos 68:3-4 NVI.

Cantarle himnos de alabanzas a Dios es hacer escuchar palabras que testifiquen quién es Dios y lo que Él ha hecho en nuestras vidas, es la manifestación de nuestro amor a su nombre, es un grito de felicidad por ser quienes somos en su infinita misericordia.

Cómo no adorar a nuestro Dios si el nos restaura y nos sana, nos libra cada día del poder destructor del pecado, así también lo testifica el salmista; «¡Aleluya! ¡Qué bueno es cantar himnos a nuestro Dios! ¡A él se le deben dulces alabanzas! El Señor reconstruye a Jerusalén y reúne a los dispersos de Israel. Él sana a los que tienen roto el corazón, y les venda las heridas». Salmos 147:1-3 DHH.

Así que, Dios es la alegría de nuestras vidas, su presencia nos llena de gozo, por eso, aun en las pruebas y a pesar de cualquier circunstancia siempre le cantaremos con gozo cánticos nuevos y alegres, porque nunca nos ha fallado su fidelidad, porque Él siempre está actuando en nuestro favor, es soberano y tiene el control de todo, por lo que estamos seguro de que todo lo que permite en nuestras vidas tiene el propósito de hacernos bien. ¡A Dios sea la gloria por sus bondades!

 

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