¿Qué es una iglesia?

¿Qué es una iglesia?

La primera cosa que a menudo viene a la mente es pensar que una iglesia es un edificio, generalmente con una torre. Obviamente, una iglesia se reúne en un edificio, pero el edificio no es la iglesia. Una iglesia existió mucho antes de cualquier edificio de la iglesia.

La palabra griega para la «iglesia» en el Nuevo Testamento se usó para identificar al pueblo de Dios en el Antiguo Testamento que estaba por el desierto (Hechos 7.38). Varias veces en sus epístolas Pablo habla de iglesias que se reúnen en casas de varias personas. En cada caso no había la estructura que cumple con la descripción de un edificio de una iglesia moderna.

La iglesia es un cuerpo de creyentes, no un edificio. Pablo habla de «la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hechos 20.28). Es el cuerpo de creyentes por quiénes Cristo murió. Pablo dice de Cristo, que Dios «lo dio por cabeza sobre todas las cosas para la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo» (Efesios 1.22, 23). Cristo es la cabeza de la iglesia; los creyentes son el cuerpo, llamado la iglesia.  Estos creyentes, están unidos por una misma fe en Cristo, quienes forman el cuerpo y Cristo es la cabeza.

La iglesia se entiende en dos sentidos diferentes. Hay la iglesia invisible, así se llama porque nosotros no la vemos. Es la iglesia como Dios la ve, compuesta de todos los que han creído, creen y creerán en la salvación de Dios, por medio de Jesucristo. No hay hipócritas en esta iglesia. La iglesia perfecta, la iglesia eternal. Esta iglesia se verá sólo en el cielo.

Hay también la iglesia visible, la iglesia que vemos todos los días por todas partes. La iglesia visible está formada por los que profesan creer en Cristo, aunque su hipocresía puede ser más o menos obvia; por ejemplo, cuando Cristo estuvo en la tierra, la iglesia visible tuvo a un miembro, llamado Judas, que traicionó a su Señor. Esta iglesia visible se puede reconocer teniendo como una cierta organización externa, con oficiales y servicios formales de adoración pública. La iglesia visible es el tema de esta lección.

Una relación esencial existe entre Cristo y su iglesia. Cuando Pedro confesó a Cristo como el Hijo del Dios vivo, Cristo dijo, «Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas de Hades no prevalecerán contra ella» (Mateo 16:18). Aquí Jesús declara que los apóstoles (con Pedro como su portavoz) son la base de su iglesia como ellos confiesan y revelan que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios (Efesios 2.20; 3.5). «Pero nadie puede poner otro fundamento que o el que está puesto, el cual es Jesucristo» (1 Corintios 3.11).

La primera cosa para examinar acerca de cualquier iglesia es su base. ¿Se construye sobre la verdad que Jesús es Dios y Salvador? Cristo es el único constructor de la iglesia. «Edificaré,» él dice. La gente no puede construir una iglesia. Sólo Cristo por su Palabra y el Espíritu Santo puede crear un cuerpo de creyentes.

Cristo es también el dueño de la iglesia. El la llama «mi iglesia.» No pertenece a ninguna jerarquía, sacerdote, ni pastor, individuo ni grupo. Solamente Cristo murió por la iglesia. Él la compró con su propia sangre. Pertenece exclusivamente a él. Por lo tanto, Él solo, tiene el derecho de gobernar a la iglesia. Por su Palabra venimos a saber la voluntad de Cristo para la iglesia. Esta iglesia, fundada sobre y construida por Cristo, es indestructible. La muerte misma no puede destruirla. De su reino o iglesia no hay fin (San Mateo 16.18, 19).

En su carta a Timoteo, Pablo describe unas de las características básicas de la iglesia. Él está enfatizando la conducta correcta «en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad» (1 Timoteo 3. 15). Timoteo estaba trabajando dentro de la sombra del Templo magnífico de Diana de los Efesios. Quizás fue tentado a pensar que la iglesia de Cristo sufrió en la comparación, en cuanto de que los cristianos tuvieron sus reuniones en un vestíbulo u hogares privados. ¿Pero qué vería una persona que miró en el Templo de Diana? Sólo una estatua de una diosa sin vida.

¿Entiende usted el contraste estupendo? ¡Los cristianos pueden reunirse en alrededores modestos, pero ellos adoran en la presencia del Dios quien está vivo! Dios vive en medio de su iglesia como su casa. Esto nos enseña el privilegio indescriptible del culto cristiano.

Nosotros no hacemos a Dios ningún favor. Él espera hacernos un favor rico a nosotros. El Dios vivo promete reunirse con nosotros de corazón a corazón. Cuando actuamos cerca de Él, Él actúa íntimamente cerca de nosotros y sabe que Él está con nosotros por su Espíritu Santo. Tenemos la confraternidad con el Padre, con el Hijo, por medio de su Espíritu Santo.

Increíblemente dulce es la confraternidad de pecadores redimidos por la gracia, unidos en la fe y el amor a Cristo. Pablo recuerda a Timoteo del llamamiento alto y santo de la iglesia; es «columna y baluarte de la verdad.» Más magnífico que las columnas majestuosas que tienen arriba el techo de mármol del Templo de Diana son los pilares vivos de la iglesia que sostiene la verdad de la Palabra de Dios. Note que Pablo no dice que la iglesia es la verdad; ninguna iglesia es perfecta. La iglesia es simplemente el pilar que sostiene y defiende la verdad. Cuando la iglesia proclama fielmente la verdad, los pecadores reciben la vida y los creyentes crecen para ser fuertes.

Identificar una Iglesia Verdadera por su Doctrina y su Vida

No todas las organizaciones que se llaman iglesias son iglesias verdaderas. Algunas iglesias no son sometidas a la Biblia como la Palabra de Dios y a Cristo como Dios que vino en persona. Algunas no enseñan el arrepentimiento y la fe bíblica. Algunas iglesias, la Escritura advierte, son «sinagogas de Satanás.» ¿Cómo podemos identificar una iglesia verdadera? Cualquier iglesia digna del nombre de cristiana debe ser fiel al Señor en doctrina (enseñanzas) y vida, recordando que solo la doctrina verdadera dirige a la santidad verdadera de la vida (1 Timoteo 6.3).

1. La doctrina.

Una iglesia fiel a la doctrina de Cristo y la Biblia enseñará toda la voluntad de Dios (Hechos 20.24-27). Una iglesia fiel puede ser identificada por su compromiso a predicar la Palabra, administrar los sacramentos, y la disciplina de la iglesia que ejercita.

a. La predicación de la Palabra de Dios.

Una iglesia verdadera predicará fielmente la Palabra de Dios. Jesús dijo, «Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos» (San Juan 8.31). “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido» (Isaías 8.20). «Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; él que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo» (2 Juan 9).

Después de visitar una iglesia, pregúntese, «¿Sé más, acerca de la Biblia? ¿Ha trabajado fielmente el ministro para explicar lo qué Dios dice en su Palabra? Por su predicación, ¿He venido a ver mi pecado y la gloria de Dios más claramente? ¿Se proclamaron las doctrinas de la gracia de Dios completamente? ¿Ha sido mi fe reforzada, mi amor para Cristo y otros profundizado?» Si no, usted está en la iglesia equivocada y debe salir (Romanos 16.17).

b. La Administración de los Sacramentos.

La administración apropiada de los sacramentos es un aspecto esencial de una iglesia sometida a Cristo y la fe verdadera en él. El próximo capítulo tratará con los sacramentos en más detalle. Mientras tanto, las Escrituras nos dicen el verdadero significado de los sacramentos y cómo ellos deberán ser administrados. Una iglesia que no sigue la Biblia en el uso de los sacramentos no es una iglesia verdadera.

Cristo y los apóstoles enseñaron con énfasis que la salvación es solo por la gracia de Dios, mediante la fe, no por los sacramentos. Por estar privado de los sacramentos no significa estar privado de la salvación. Enseñar lo contrario a esto no es la marca de una iglesia verdadera.

Pablo advirtió solemnemente que sólo los creyentes verdaderos que viven vidas obedientes pueden tomar parte en la Cena de Señor. «Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; pruébense» (2 Corintios 13.5;1 Corintios 11.28). Por lo tanto, una iglesia que permite a sus miembros no creer que Cristo es Dios, no es una iglesia verdadera. Tampoco lo es, los que se dedican a administrar los sacramentos, porque muchas vidas de éstos son abiertamente escandalosas.

c. El ejercicio de la disciplina.

Una iglesia verdadera siempre predicará la Palabra y la administración de los sacramentos con el ejercicio sólido de la disciplina de la iglesia. Cristo instruyó claramente la iglesia para disciplinar a sus miembros. Si cualquiera continúa en sus pecados, «dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano» (San Mateo 18.15-20). Pablo escribió a la iglesia en Corinto para demandarles poner a una persona sexualmente inmoral impenitente fuera de la asamblea (1 Corintios 5.1-5).

Un propósito de la disciplina deberá ser restaurar al desobediente dirigiéndole al arrepentimiento. «Hermanos, si alguno fuera sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre» (Gálatas 6.1; Santiago 5.19, 20). El otro propósito es preservar el honor de Cristo y la pureza de su iglesia.

Cuando una persona niega a Cristo y continúa en el pecado evidente, una herida triple ocurre en no ejercitar la disciplina de la iglesia. 1) Herimos al pecador que tiene la necesidad de estar restaurado. Es simplemente poco amable no tratar de recuperarlo. 2) Lastimamos a la iglesia. La iglesia entera se afectará a menos que la doctrina injusta o la conducta inmoral se desarraiguen. 3) Herimos el honor de Cristo cuyo nombre llevamos. La iglesia llega a ser un objeto del desprecio ante el mundo.

Una iglesia que no ama el cuerpo de Cristo, ni a su cabeza, no es suficiente para tratar de mantener sus miembros puros en la doctrina; y en vida no es una iglesia digna de ser confiada para la nutrición de nuestras almas.

2. La vida.

Una iglesia verdadera será una cuya enseñanza afecta su vida; la verdad de Dios estará cambiando visiblemente las vidas de la gente  (Romanos 12:11-2). El cambio se reflejará en la fe, la esperanza, el amor, y la santidad de los miembros.

a. La fe, la Esperanza y el Amor

El apóstol Pablo describió a la iglesia de Colosas como ejemplo que lo caracterizaba:  su fe, su esperanza, y su amor. «Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos, a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, y de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera, del evangelio que ha llegado hasta vosotros. así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad» (Colosenses 1.3-6).

En una manera semejante, Pablo describió el trabajo poderoso de la Palabra de Dios y el Espíritu en la iglesia en Tesalónica. «Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones, acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de su constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo. Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección» (1 Tesalonicenses 1.2-4).

Al visitar una iglesia, nosotros debemos preguntar, «¿Está allí la fe? ¿Expresan sus miembros la confianza y la fe en Cristo, la cabeza de la iglesia? ¿Hay la esperanza? ¿Muestra la gente la estabilidad y la perseverancia cristiana en esta vida porque esperan seguramente un hogar futuro en el cielo? ¿Hay amor?» Esto es la marca más importante de todo. «Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor» (1 Corintios 13.13).

Aunque el amor es ciertamente el más grande de los obsequios permanentes, está acompañado de muchas equivocaciones. El amor cristiano y verdadero no significa una tolerancia de la incredulidad y la vida pecadora. «El amor no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad» (1 Corintios 13.6). El amor verdadero no es indiferente al pecado que daña a los que lo practican, así como también sus víctimas, pero hace cada esfuerzo de traerlos al arrepentimiento por la disciplina (hebreos 12.6, 12-15; Apocalipsis 3.19; Proverbios 13.24). Sin embargo, predicar la Palabra y ejercer la disciplina sin un acompañamiento de amor (en la iglesia), solamente llegaría a ser una tiranía dura que empuja a la gente lejos de Cristo. «Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuene o címbalos que retiñe» (1 Corintios 13.1).

El amor nos edifica los unos a los otros en la iglesia.  Debemos hablar la verdad en amor y animar a los otros para usar sus dones, sus habilidades, y las posesiones para el ministerio (Efesios 4.15,16). El amor siente las necesidades de otros y nos mueve para abrir nuestros hogares en la hospitalidad cristiana (Romanos 12.10, 13).

Ejercitamos el amor cristiano y verdadero porque nuestra fe y esperanza son diferentes a las del mundo. Mientras esperamos la venida de Cristo, cada cuerpo verdadero de creyentes desea ser un instrumento del amor de Cristo para hacer el bien a todos los hombres, especialmente a la familia cristiana (Gálatas 6.10; 1 Timoteo 6.17-19).

b. La santidad.

La iglesia de Cristo se llama una «nación santa» (1 Pedro 2.9, 10). Una iglesia verdadera tiene a sus miembros que están creciendo para ser más, como su Señor santo. Ellos reflejan una ruptura completa con el pecado (Romanos 6.5-19). A ellos se ha puesto el “nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad» (Efesios 4.24). Ellos procuran llegar a ser más santos, sabiendo que «la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (Hebreos 12.14). Esto no significa que usted encontrará a la gente perfecta en una iglesia verdadera, o que una iglesia verdadera sea perfecta.  (¡Si usted encuentra una iglesia perfecta y se une a ella, no será perfecta ya!) Pero lo que usted debe buscar es un cuerpo de creyentes que, por la gracia de Dios, está enterado de su pecado y crece fuera de ellos, esforzándose para ser más obediente al Señor.

Hay muchas iglesias que procuran ser fieles al Señor en la doctrina y en la vida. ¿Cómo decidir a cuál de estas iglesias verdaderas se une? Cada denominación tiene ciertas doctrinas distintivas que la ponen aparte de otras. Examine sus enseñanzas justamente, compáreselo con las Escrituras, y fíese del Espíritu Santo para que le ayude a determinar cuál es más cerca a la Palabra de Dios en sus enseñanzas.

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