El Espíritu Santo y la Biblia

El Espíritu Santo y la Biblia

Si queremos oír la voz del Espíritu Santo tiene que ser por medio de la palabra revelada, si queremos recibir la eficacia de la palabra revelada en nuestras vidas tiene que ser por el Espíritu Santo

Aunque el Antiguo Testamento contiene varias referencias a la doctrina o la idea de la inspiración de las Sagradas Escrituras, esta doctrina se desarrolla ampliamente en el Nuevo Testamento.  Los pasajes más citados son los siguientes:

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para reargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2 Timoteo 3:16, 17).

Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo (II Pe 1:20, 21).

 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4:12).

Lo que nosotros encontramos en la Palabra de Dios es mucho más que las ideas de algunos sabios.  Lo que encontramos ahí es el mismo aliento, la misma vida de su Espíritu.  Por esto nosotros podemos volver a ella cada día para buscar dirección y consejo para nuestras vidas.  No es un libro antiguo y muerto, sino un libro moderno y vivo.  Nos provee con todo lo que nosotros necesitamos para enfrentar los problemas y las situaciones de hoy.  La fe en Dios nos llega por medio de su Palabra (Romanos 10:17). Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

El pasaje de 2 Timoteo 3:16 y 17 es el que nos habla más de la dirección del Espíritu por medio de la Palabra.  Es esta misma palabra que debe servir para moldear al cristiano.  Pablo aquí recuerda a Timoteo de la manera en que la Palabra de Dios había formado su carácter, y le anima a seguir profundizándose en ella.

Pablo sigue su exhortación a Timoteo en el próximo capítulo, donde dice: que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. (2Timoteo 4:2). Solamente por medio de su fidelidad a las escrituras, podría Timoteo conducir su rebaño hacia la salvación.

En otra ocasión, Lucas alaba a una congregación por no aceptar nueva enseñanza (la de Pablo) sin que primero la confirmara con las Escrituras que tenían: Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así (Hechos 17:11).

Al lado positivo podemos añadir el lado negativo, las prohibiciones en cuanto al hacer cambios en las Escrituras.  Pablo, en Gálatas 1:8 condena al que haga cambios en el Evangelio; Pero, aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición.  Lo hace también el Apóstol Juan al final de su Apocalipsis:

…, Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro.  Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro (Ap 22:18,19)

 Queda clarísimo, entonces, que la dirección del Espíritu Santo por medio de la Biblia debe ser la primera y la última palabra en cuanto al comportamiento cristiano.  Nuevas revelaciones que no concuerden completamente con la Biblia son fuertemente condenadas por la misma.

Editor