El Espíritu Santo produce vida nueva en nosotros

El Espíritu Santo pone en nosotros la gracia de Dios con la que recibimos vida nueva, para esto murió Cristo, para que recibiéramos la vida estando muertos en nuestros delitos y pecados

Nosotros vemos en el Nuevo Testamento que el Espíritu Santo continúa su obra creativa con la aplicación de la gracia del Señor Jesucristo.  La terminología de Pablo en cuanto al viejo y nuevo hombre:

sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. (Romanos 6:6), En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. (Efesios 4:22-24), No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. Colosenses 3:9). Se refiere a esta realidad.  Jesucristo derramó su Espíritu en Hechos 2 por este propósito.

Pero antes del libro de los Hechos, y antes de las cartas de Pablo, el mismo Jesús había explicado lo que haría su Espíritu.  Veamos:

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.  Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?  ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?  Respondió Jesús: De cierto, de cierto, te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3:3-5)

El nacer en el Espíritu significa ser regenerado – comenzado o creado de nuevo.  Es esta nueva creación que caracteriza la obra inicial del Espíritu en las vidas de los creyentes: la aplicación de la gracia renovadora. Aunque la obra redentora es la de Cristo, la aplicación de dicha salvación pertenece al Espíritu Santo.  En la teología tradicional de la iglesia reformada, el tema del Espíritu Santo siempre se ha tratado en conexión con el tema de la aplicación de la salvación.  Dios, por medio del Espíritu Santo, conoce, predestina, llama, justifica y glorifica a su pueblo con la gracia conseguida en Calvario.

Otra área de la creatividad del Espíritu es el área del Fruto del Espíritu. 

En el fruto del Espíritu nosotros tenemos el producto de la vida nueva que viene con la llegada del Espíritu Santo.  Pero más que solamente tenerlo, nosotros participamos en el proceso creativo que lo produce.  El Espíritu, en este sentido, no solamente nos trae la nueva creación, sino también nos hace partícipes en ella.  Somos la tierra en que la semilla del Espíritu produce su fruto. La Biblia dice que eremos conocidos por nuestro fruto (Mateo 7:20).

Las virtudes que se producen son muestras de la nueva vida, la nueva creación que ha reemplazado la vieja en el cristiano.  Como decía Pablo: Ya no vivo yo, más Cristo vive en mi (Gálatas 2:20).