Los Dones Espirituales – Stephen DeVries

El Señor también utiliza al Espíritu Santo en la dirección de su pueblo por medio de los dones que el Espíritu reparte a los creyentes.  Con la asignación de estos dones el Espíritu anima y mueve al pueblo de Dios. 

En el capítulo 14 de I Corintios Pablo enfatiza el propósito de los dones espirituales.  Cinco veces en este capítulo, Pablo explica que los dones del Espíritu son dados principalmente para la edificación de la misma iglesia (14:4, 5, 12,17 y 26).   Por medio de estos dones, sometidos a la enseñanza bíblica, el Espíritu Santo conduce al cuerpo unido de Cristo hacia el ministerio que le corresponde.  Pablo lo resume así en Ef 4:12: a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.

Hay mucho más que podríamos decir en cuanto a los dones espirituales, pero lo importante aquí es recordarnos que el Espíritu no dirige por medio de dones aislados.  O sea, todos los pasajes que hablan de los dones del Espíritu insisten en que estos dones son nada más que piezas que componen algo mucho más grande.  Los dones individuales no sirven fuera del contexto del cuerpo entero y unido de Jesucristo.  Así se ve que a pesar de la variedad de los dones, el propósito de éstos es la perfecta unión del cuerpo de Cristo.  Si el resultado de los dones es algo diferente, algo anda mal en la iglesia.

Cabe añadir algo más en cuanto a la dirección del Espíritu en la vida del cristiano.  Esto es, que al aceptar a Jesucristo como su Salvador personal, el individuo  está entrando en una relación con otras personas  y es, por supuesto, natural que haya comunicación entre ambas personas en cualquier relación.  Nosotros sabemos cómo esto funciona en nuestra comunicación hacia Dios (la oración), pero no estamos muy seguros si Dios se dirige hacia nosotros en una forma tan directa.  Todos confesamos que Dios nos habla por medio de la Biblia, pero ¿qué podemos decir de las otras formas de comunicación divina? ¿Podemos buscar la voluntad de Dios para las situaciones específicas de nuestra vida?  Si podemos, ¿cómo lo haremos?

La iglesia evangélica está dividida con respecto a ese punto.  Por un extremo tenemos a los que dicen que la comunicación de Dios hacia el ser humano se limita a las Escrituras.  Dios habla por medio de ellas, y no hay más nada.  Por el otro extremo, tenemos a las personas que se apoyan más en visiones y sueños que en la misma Biblia.  Cada día hablan de una nueva revelación de Dios.   Ambos extremos están equivocados.

Si nosotros queremos ser cristianos bíblicos, no podemos negar que haya comunicación directa y específica entre Dios y sus hijos.  Esta comunicación fluye en ambas direcciones.  Pero esta comunicación siempre ocurre dentro de los parámetros bíblicos.  De la misma Biblia sabemos que esta clase de comunicación extra-bíblica es menos confiable, y tiene que someterse a ciertas pruebas (I Juan 4:1).  Mientras estamos seguros de dónde vino la Biblia, las impresiones, ideas, sueños y visiones que se nos llegan son sujetos a otras influencias.  Dichas influencias pueden ser espirituales, enviadas por el mismo Satanás, o pueden ser muy terrenales; los deseos de nuestro corazón y nuestra carne.

Una madurez bíblica es esencial para discernir lo que está pasando y  para interpretar lo que el Señor está haciendo en la vida del cristiano.  Dios hablará a nosotros cuándo y cómo Él quiera, pero para nosotros escucharlo y entenderlo tenemos que saturar nuestro ser entero en lo  que él ya ha dicho en su Palabra.

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