Juan de Patmos habla del futuro, pero desde su presente y para su presente

Es cierto que el Apocalipsis anuncia muchas cosas venideras que se  extienden hasta el mismo fin del mundo

Habla de algunas cosas futuras que Juan no parece concebir como de su propia época, como por ejemplo una  confrontación final que se llama Armagedón, la venida del Hijo del hombre,  el juicio final y la nueva creación. Negar todos esos elementos de escatología*  futura sería negar el claro mensaje bíblico del libro.

Pero también es cierto que esas enseñanzas futuras, por muy importantes que sean, no agotan el mensaje del Apocalipsis. De hecho, ni siquiera  constituyen el mensaje central del libro. Si analizamos el Apocalipsis  cuidadosamente, sin presupuestos que no surgen del texto mismo,  descubriremos que la principal concentración del libro se enfoca sobre la  situación inmediata en que las congregaciones se hallan inmersas. En ningún momento deja atrás la realidad socióhistórica de su época.

Como veremos en la exposición del texto, pasajes como el de los cuatro  jinetes (6:1-8) y las dos bestias (cap.13) derivan su sentido desde su relación  directa con los tiempos de Juan. La batalla de Armagedón, aunque obviamente  futura, se describe como una guerra de caballería típica del siglo 1 y no como  una confrontación de tanques y aviones (\Scudsy Patriotsl ) de algún futuro  mundo moderno, en el cual ni soñaban Juan y sus lectores. Hasta en el capítulo  18, al final del libro, Juan enumera y denuncia los productos de lujo de su tiempo y de su región (18:12s.). Es imposible espiritualizar esta lista de  cargamento mercantil ni modernizarla como si fuera comercio de artículos para el hogar.

Estas y muchas otras evidencias justifican una doble conclusión. En primer lugar, todo el libro del Apocalipsis es un mensaje directo para sus primeros  lectores. En segundo lugar, Juan describe aun los acontecimientos futuros en  los términos inmediatos de la vida de sus contemporáneos. Nunca les hace  entender que está vaticinando cosas que ellos no podrían comprender tales como  aviones, bombas y cohetes, computadoras, petróleo o explosiones atómicas. Les habla claramente de temas y objetos que entienden, aun cuando describe  realidades venideras.

Interpretar el Apocalipsis en términos de cosas que ni Juan ni sus lectores  hubieran entendido, y que tampoco señalan las palabras del texto, es caer en un  grave anacronismo.

¿Cómo podría Juan al escribir acerca del “666” estar  pensando en una computadora cuando ni siquiera conocía la electricidad?  ¿Algo de lo que el Espíritu reveló a Juan podría sugerirle la idea de una  computadora? Recordando que Juan y sus lectores creían entender el mensaje  del libro, ¿el Espíritu no se burlaría de ellos y de casi diecinueve siglos de  lectores cristianos, si les hablara de una computadora de la cual no tenían la  menor idea?

 

Es cierto que el Apocalipsis es un mensaje inspirado por Dios para los  fíeles del siglo 20, pero sólo es así porque primero fue un mensaje claro y  poderoso para los creyentes del fin del siglo 1.

Para entenderlo acertadamente  hoy, tenemos que tratar de escuchar primero el mensaje dirigido a ellos, y  recién entonces buscar desde ahí “el mensaje de ese mensaje” para nosotros en  el continente americano en el umbral del siglo 21.

Otro aspecto de la teología juanina puede ayudarnos a entender la relación  entre pasado y futuro en las enseñanzas del Apocalipsis. Un pasaje poco  tomado en cuenta, 1 Juan 2:18, tiene implicaciones muy importantes para  nuestro entendimiento de la profecía futura: “Queridos hijos, ésta es la hora  final, y así como ustedes oyeron que el anticristo vendría, muchos son los  anticristos que han surgido ya. Por eso nos damos cuenta de que ésta es la hora  final.”

Aquí el autor dice muy claramente que los que estaban negando la  humanidad de Cristo (2:22; 4:2s.; 2 Jn 1:7) eran ya, al fin del siglo 1, “anticristos” y portadores de su espíritu diabólico. Este pasaje plantea la  perspectiva de una serie de anticristos, a los que podríamos entender como  precursores del último y peor anticristo. De la misma manera Juan puede estar  hablando directamente en Apocalipsis 13 del Imperio Romano y del emperador  Nerón o Domiciano (sentido histórico) sin excluir la real posibilidad de otros  anticristos y de uno final como el acabóse de la maldad (sentido futuro). El  “ya” de la escatología realizada y el “todavía no” de la escatología futura no se  excluyen ni se contradicen, sino se complementan dentro de una escatología inaugurada con la encarnación de Cristo y apuntada hacia su venida final en  gloria y poder.

 

Para concluir:

Interpretar el Apocalipsis como si todo se hubiera cumplido  en el siglo 1 sería perder toda su proyección futura y en efecto negar las  Escrituras. Pero interpretar cualquier detalle del Apocalipsis como si sólo se  relacionara con nuestro siglo y no tuviera ningún mensaje para sus primeros  lectores de fines del siglo I, es la peor forma de estudiarlo y también contradice  la Palabra de Dios.

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